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J.LACAN Seminario XXI- Les non-dupes errent 1973-1974

Los no incautos Yerran.

Clase del 8 Enero de 1974

Fecha de puesta en línea Martes 23 de enero de 2007

Autor o autora : Margarita MOSQUERA

Lacan nos lleva al número cardinal y a la letra, como lo real tras el sentido que damos a las palabras, a los sintomas, siendo estos, escritura, es decir, intento fallido de inscribir un significante reprobado (por mencionar las tres defensas freudianas). Y dice muy claramente: no me aferro a que las palabras tengan sentido. El lenguaje no está hecho de palabras, pero por las palabras todo es posible pero a condición de que no tengan sentido. De ahi, el nudo borromeo y la posibilidad que nos da para trabajar justamente la casilla vacía como diría Derrida.

Les deseo un buen año, aunque naturalmente, muchas personas, imagino, lo hayan aquí, lo hayan comenzado mal aquí. Soy uno de ellos, además. Soy de estos. De suerte que, inclusive sentí ganas de excusarme con el pretexto de que el martes con el que comenzó el año no era en consecuencia un verdadero martes, y tuve ganas de despacharlos para el siguiente. Eso hubiera sido una buena manera de desembarazarme de mi deber de hoy... Sigo en ello aún, es preciso decirlo, la idea todavía me tienta, sólo una cosa me retiene, tengo que decírselos, es que hoy ustedes son menos numerosos. Les estoy tan reconocido por ello que quizás esto me impulse, así, dando tumbos, a enunciar algunas de las cosas que, forzosamente, sigo cavilando, como es mi costumbre. También el hecho de que esta mañana, molestaron mucho a mi secretaria, preguntándole si yo lo hacía; y como yo efectivamente, no le había anunciado nada, ella respondió que sí. Entre aquellos, dios mío, había algunos que estaban más bien entre los mejores; si debo creer en ciertos nombres que me informaron. Entonces, como ellos, los mejores, se han molestado tanto, trataré de ir, me dije.
Entonces, partamos de esto, partamos de esto a lo cual no me aferro, particularmente: a saber, que las palabras tengan un sentido, y que esto sea un hecho, aunque el problema consista, a partir de ese hecho, en saber dónde alojarlas. Es de lo que yo... –Alojar esas palabras, desde luego, y sin embargo hay que mascullarles las cosas–: es el esfuerzo que hice, que hice la vez pasada, a partir del amor (de l’amour). Es un hecho que partí de esto: que la palabra existe. Y es en lo que la cosa, la cosa debe concebirse como posible. Lo que se traduce en mi decir, de lo que ella se funda, la cosa, la cosa amor, que ella no se funda, -puesto que sólo se trata de su posibilidad- ella se funda, como dije en dejar de escribirse (de cesser de s’écrire). Es decir, de lo que resulta (reste) de esto, de que ella deja de escribirse. Lo que de esto resulta, lo vengo articulando desde el tiempo, desde el tiempo, casi infinito para mí, en que me repito, a saber la letra de (a)mur (la lettre d‘(a)mur). La letra de (a)mur en tanto que, en fin, eso no constituye otra cosa que un montón. Un pequeño (petit) montón (tas) / un pequeño (a) [1] de costumbres (habitudes) (moeurs), no mucho más. Es al menos así como he leído, traducido al italiano, mi famoso objeto con el cual esa (a) chica de las letras de (a)mur (d’a-mur) no ha mantenido desde luego sino la más mínima relación.

Todo esto no impide que yo diga cosas que toman su aire de seriedad de lo que yo traduzco desde lo serial. Es un hecho, también, que yo cambio el orden de la serie que se repite, o sea lo que se llama lo ordinario. De mi decir, ¿todo está en que cambia el orden ordinario? Sobre esto quisiera argumentar hoy. Traerles el argumento adecuado para dar sentido a funciones más puramente cardinales. Es lo que trato de hacer con mi nudo borromeo. Ustedes lo saben, esa distinción de lo cardinal y de lo ordinal, ello… –el paso no fue franqueado solamente gracias a la teoría de los conjuntos, es decir, gracias a Cantor. ¿Para qué puede servirnos él, en lo referente a la exploración de un discurso nuevo? Ustedes lo saben, es así como designo al discurso analítico. Discurso que se anunció por una decantación del sentido.
¿Qué quiere decir "decantación’’, en este caso? Es propiamente -y es en esto que la metáfora de la decantación aquí se sostiene- es propiamente de la condensación, de lo que, del sentido, se concentra por medio de ese discurso en esto: que el sentido - el sentido de las palabras- no constituye sino aparato para lo que llamaremos, -si ustedes aceptan, simplemente: el coito, sexual. Esto es lo nuevo del discurso analítico. Y es lo que hay que decir, si ciertamente es lo que; de ese discurso, es necesario, éste es necesario solamente por esto – y es por lo que modifico (j’infléchis) [2] así el sentido de lo "necesario"- es que su característica, en este discurso, es el hecho de que ese discurso no deja de escribirlo.
¿Es por ello verdadero? Es verdadero de esta suerte de verdad que instaura este discurso, a saber de una verdad del medio, suponiendo que algunos recuerden la manera como la vez pasada, y justamente en lo concerniente al amor, distinguí, por lo que tiene que ver con el nudo borromeo, la función del medio como tal. El medio, justamente, es lo que no constituye nudo sino para que haya un orden. A saber: que, para tomar esos "unos" que constituyen, digamos sin más, los redondeles de hilo, sólo uno de los tres, que cortado, libera a los otros dos; es lo que pueden observarlos en una cadena de tres, de tres eslabones ordinarios: sólo uno de los tres libera a los otros dos. La distinción que hay entre esta cadena, esta cadena de la que, según parece, es sensible que esté allí el orden de lo simbólico; un sujeto, un verbo y lo que ustedes quieran - un complemento; uno, dos, tres, puede ser que teniendo este orden, este orden, que haya algo que constituye medio, y es lo mismo que llamamos, con la ambigüedad de esta palabra, el verbo –puede comenzarse por el complemento y terminar por el sujeto– pero quien hace de medio es el verbo.

En lo cual se vislumbra, finalmente, que el lenguaje no está hecho de palabras; pues él es el lazo por el cual, de la primera a la última, el medio establece esa unidad, única que habrá que romper para que el sentido desaparezca: con lo que se demuestra que el lenguaje no está hecho de palabras, y que lo que llamamos "proposición" -porque es esto y no otra cosa lo que llamamos "proposición"- una proposición es el borramiento al menos relativo -digo "al menos relativo’’, para facilitarles el acceso a las cosas-, el borramiento del sentido de las palabras. Lo que no es verdad de “lalengua” (lalangue), lalengua como ritornello, ustedes saben que yo lo escribo en una palabra: lalengua; si ella está hecha de eso, del sentido, a saber, de qué manera, por la ambigüedad de cada palabra, ella se presta a esta función: que en ella el sentido fluye copiosamente. Este no fluye en vuestros decires. Por cierto que no. Ni en los míos tampoco. Lo cual explica que el sentido no se alcance tan fácilmente. ¿Cómo imaginar ese fluir del que hablo? Hay que decirlo: ¿cómo imaginarlo si es un fluir que por último es detenido por copelas? . [3] . Porque la lengua, es eso. Y ése es el sentido que habrá de darse a lo que deja de escribirse. Sería el sentido, incluso de las palabras lo que en este caso se suspende. Por lo cual emerge de ello el modo de lo posible. Que al fin de cuentas, algo que se ha dicho deja de escribirse. Lo cual demuestra que finalmente todo es posible por las palabras, y justamente, a causa de esta condición: que no tengan ya sentido.
Es lo que me propongo este año: que ustedes no confundan las palabras con las letras, ya que no es sino de letras que se funda lo necesario, como lo imposible, en una articulación que es la de la lógica. Si mi manera de situar el modo es correcta, a saber, que lo que no deja de escribirse, lo necesario, –lo que no deja de escribirse, lo necesario– es lo mismo que necesita el encuentro de lo imposible, es decir, lo que no deja de no escribirse, lo que no puede abordarse sino por las letras. Esto me permite abordar por algún decir, que la estructura que he designado como la del nudo borromeo; la vez pasada, es en lo que, el amor resultó un buen test de la precariedad de esos modos. Ese amor es llevado a la existencia, este amor, lo cual es obra de su sentido mismo, por lo imposible del vinculo sexual con el objeto, el objeto cualquiera que sea su origen, el objeto de esa imposibilidad. Le es preciso, por así decir, esa raíz de imposible. Esto es lo que dije al articular este principio: que el amor, es el amor cortés.
Es evidente que lo (a)musant (divertido) [4], si puedo expresarme así, es ahí dentro el amor al prójimo, en tanto que se sostiene de vaciar el amor de su sentido sexual. Es dejando de escribir el sentido sexual de la cosa, que se la torna, como sensible es, se la torna posible. En consecuencia, hay que decirlo, se deja de escribirlo. Una vez llegada, la cosa, el amor, es evidente que es a partir de allí que ésta se imagina necesaria. Este es el sentido de la carta (lettre) de amor, que no deja de escribirse pero sólo en tanto conserva su sentido, es decir, no por mucho tiempo.

Es esto en lo cual interviene la función de lo Real. Así, el amor muestra en su origen ser contingente, y al mismo tiempo en esto se prueba la contingencia de la verdad con respecto a lo Real. Porque esos modos son verdaderos, e incluso definibles de hecho, por nuestro prendimiento a la escritura. Estos descuartizan, por así decir, la verificación del amor, y de una manera tal que por una de sus caras, es cierto, funda lo que llamamos sabiduría. Salvo que la sabiduría no puede ser de ninguna manera lo que resulta de estas consideraciones sobre el amor. La sabiduría no existe sino en otra parte. Porque en el amor, no sirve para nada.
En cuanto a mi nudo, llamado borromiano, y el hecho de que me esfuerzo por igualar mi decir a lo que él comporta, si lo que él anuda, como yo lo enuncio, es propiamente lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real, esto no se debe sino a que el nudo comanda, lo cual enuncio por el sólo hecho, de que los anudo en el nudo borromiano, que cada uno de los tres no se produce sino con una consistencia que es la misma para los tres. A saber, que bajo el ángulo en que los tomo este año en mi decir, sólo la escritura los distingue. Lo que es, aquí, tautología, si no están escritos los tres, acabo de decir que son los mismos, sólo la escritura los hace tres. Es preciso articular bien que es en la escritura del nudo mismo - por que, piénsenlo bien, ese nudo no es más que rasgos escritos en el pizarrón-, es en esta escritura misma que reside el acontecimiento de mi decir. Mi decir en tanto que este año yo podría prenderlo a lo que llamaríamos hacer vuestra "incautación" (é d u p a t i o n), si es cierto que deba ponerse el acento sobre el hecho de que los no incautos (non dupes) yerran, lo que no impide que esto no quiera decir que cualquier engaño (duperie) no yerra, sino que hay que ceder a ese engaño (duperie) de una escritura en tanto ella es correcta, que pudiendo situarse con justicia los diversos temas de lo que surge, justamente surge como sentido, del discurso analítico.
Debería abordar el asunto inmediatamente, si algo no me dijera que de ese decir están ustedes tan... "rayados" (sonnés), así diría yo, rayados, y que primero deba yo hacer un filtro, lo que es un modo de escritura precisado por la matemática en el principio mismo de la topología, filtro en el cual éstas palabras encuentren sus sentidos, quiero decir aquello como lo cual funcionan en el orden sexual, orden del que digo que es patente, no es sino el principio de un orden (ordinaire). En otros términos justificar, no los términos, de ese orden, sino ese orden de ellos, salvo que, como verán, -porque es esto lo que hoy tengo que decir, no sabiendo quién me seguirá-, el nudo tiene una función muy diferente, muy diferente que la de fundar ese orden, el orden cualquiera en el cual ustedes podrían encadenar lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real. Es preciso que encontremos, no la diversidad de su consistencia, sino esa consistencia misma, a saber, lo que no puede decirse, esa consistencia misma en tanto que ella no los diversifica, sino que solamente los anuda. Para liberar a Ustedes, entonces, ya que presumo no sin razón haberlos "rayado", es preciso que yo se los razone (rai (r, a, i, e, tiret) r a i e –s o n n e. [5] ). Es decir, que yo exagere (j’en remette).

Lo Imaginario se distingue en sentido de lo que él se imagina, como quien diría -suponiendo que ellos digan, quizás, entre ustedes- al menos es preciso que miren allí más de cerca, para decir entonces que eso no es obvio, y por esta razón que quizás os faltaría: que no es éste el privilegio de lo Imaginario. Porque lo Simbólico, ¿qué otra cosa hago que tratar de hacérselos imaginar? Déjenme creer que lo consigo. En cuanto a lo Real, y bien, de eso se trata este año. Se trata de ver, justamente, lo que hay de Real en el nudo borromiano. Y por eso comencé, comencé por mi segunda articulación ante ustedes, en mi segundo seminario, así se lo llama, comencé por decir que no hay iniciación. No hay iniciación, quiero decir que no hay más que el velo del sentido, que no hay sentido sino de lo que se opercula, si puedo decirlo, por una nube: nuptiae no se articula, al fin de cuentas, sino de nubes. Es lo que vela la luz, todo aquello en lo cual las nuptiae, los ritos del matrimonio, sostienen su metáfora.
No hay otra cosa detrás que aquello a lo cual es preciso atenerse, el soporte de la apariencia. Ciertamente, en tanto que esa apariencia es semejante a la articulación de lo que no puede decirse sino bajo la forma de una verdad enunciada.
Es decir, que como develamiento necesario, o sea incesante. La articulación es el nudo, en tanto que la luz no lo ilumina, en tanto que no hay ningún esclarecimiento, más aún: en tanto que él arroja toda luz en lo Imaginario. Y lo que yo enuncio, lo que este año me propongo, es justamente decirles que lo Imaginario, porque es él mismo del orden del velo, no por ello lo ennegrece. La consistencia es de un orden diferente al de la evidencia. Aquélla se construye de algo de lo cual pienso que al sostenerlo de los redondeles de hilo, pasará algo de esto que les digo ahora: que es, más bien, lo evidente [6]..
El círculo establece intuición, resplandece. No se trata de oscurecerlo. Es él quien hace el Uno. Se trata de recibir, del nudo, su efecto. De recibir el efecto como su Real, a saber, que no es Uno. El nudo borromeo, su Real, es no consistir más que en - no me atrevo a decir "ser’’, él no es tres-: él hace trenza. Él hace trenza, y allí es preciso ver el por qué de lo que acabo de sostener, a saber; que el orden no es aquí esencial: éste es el punto importante.
Es preciso que sientan bien esto: es que disponiéndolos en tres, en tanto que número cardinal -les pido perdón por la aridez de lo que hoy tengo que decirles- esto, lo que es propio del tres, no implica ninguna ordenación. Les parezca así o no, no es posible ordenar bien 1, 2, 3, con la sola condición de que esto se repita, y esto es lo que se produce en el nudo borromeo. Pero ello no solamente a causa del nudo borromeo, sino a causa del número cardinal 1, 2, 3, sea que estén ellos anudados o no.

¿Qué quiere decir lo que acabo de decir?. Es que a tres cardinal, - no se puede hacer– y con la única condición de que no haya dos de los mismos seguidos- no puede hacerse al escribirlos más que encontrar todos los órdenes tales como serían pensables por una combinatoria.
Escriban en el pizarrón 1, 2, 3 - 1, 2, 3, nada les impide leerlos, con la sola condición de tomarlos en el orden palindrómico, es decir a la inversa, de izquierda a derecha, 1, 3, 2. Esto quiere decir, a partir del nudo, del nudo borromiano, lo que voy a tratar de ponerles en el pizarrón -dénme una tiza-: he aquí cómo simplifico el nudo borromiano. Les bastará, para ver que es de esto que se trata, completarlo así, a saber, lo que se resume en los tres rasgos centrales por cuanto son ellos quienes marcan cómo se sostiene el nudo.
A este nudo, yo le doy vuelta. ¿Qué dará esto? Lo propio de un nudo, cuando es puesto de plano, dimensión esencial, porque el nudo borromiano, pienso habérselos hecho notar cuando les mostré una pequeña construcción en cubo que les traje ya no sé cual vez, la última o más bien, creo, la penúltima. Está hecho así.
Y para evitarme el rompecabezas de hacer las pequeñas interrupciones convenientes, observen que se completa con esto, eso es lo que lo constituye; hay en, digamos, los tres planos, en los cuales se situaba mi pequeña construcción, hay en los tres planos simetría completa, observen que aquí hay que ponerlo a ése, para que se sienta bien, como estando abajo de aquél que lo corta; es de una puesta de plano que procede la otra escritura que he dado del nudo borromiano. ¿Qué decir de él a partir del momento en que, de haberlo puesto de plano, lo doy vuelta?. Es preciso para el simple hecho ligado al hecho de que la escritura implica el “over-crossing”, el cruzamiento por arriba, esté escrito así: a saber, que él corta lo que es el “under-crossing”, el cruzamiento por abajo, ¿qué dará esto si lo damos vuelta?. Lo que estaba por abajo viene hacia arriba. Y bien, pienso que no será necesario que yo complete los tres rasgos para ver que, dando vuelta el nudo borromiano, lo que encontrarán al fin de cuentas, es algo que se distingue por lo siguiente: que eso no es su imagen en espejo, lo que encontrarían, seguramente, como sería por ejemplo para la orientación de cada uno de esos círculos, si los orientaran-, todavía no me anticipo a ello-, si orientaran... un círculo cualquiera, si lo dieran vuelta, lo que tendrían sería su imagen en el espejo: muy lejos de esto, cuando dan vuelta el nudo borromiano, tienen ustedes un... un aspecto muy distinto, que en ningún caso representa la imagen en espejo del primer aspecto. Lejos de que el sentido, la orientación tal como ella se define, por ejemplo, muy simplemente, del reloj, el sentido de las agujas de un reloj, si ustedes dan vuelta el reloj, se convierte en el nudo inverso, es decir, la imagen en espejo. Por el contrario, el nudo borromiano sigue siendo lo que es, aunque lo hayan dado vuelta: la segunda imagen, la imagen dada vuelta, está exactamente en el mismo sentido que la primera, es decir, en el sentido levógiro.

Advierten bien que puede haber otro sentido, éste, que sería dextro, es decir, el sentido de las agujas de un reloj.
Dado lo que recién les hice notar, o sea que el orden en el tres, y justamente debido a que de 1, 2, 3, basta con invertir el sentido, con ir en el sentido palindrómico para hallar allí cualquier orden, aquí encuentran una distinción del efecto de orden con lo que ustedes me permitirán llamar el efecto del nudo, o de otra manera, el efecto de nodalidad. Aquí conviene, conviene que recuerden lo que enuncié primeramente, a saber, que del nudo es la ternaridad pura y simple, a saber, que el alcance de esa ternaridad no se sostiene sino de esto: no los hemos tomado sino, en principio..., no lo hemos tomado sino bajo el ángulo de lo que no los distingue entre sí por ninguna cualidad, que no hay ninguna diversificación de lo Imaginario con relación a lo Simbólico y a lo Real, que su sustancia no es diversa, que no hacemos de ellos cualidades, que simplemente los consideramos bajo la especie de esa consistencia que los hace, a cada uno, uno.
Ya que he empleado la palabra "cualidad’’, que es un nombre femenino, es que yo diría que su cualidad es "una"; sería una buena ocasión de acoplar aquí alrededor del Uno lo que ocurre con "uno" si lo tomamos como calificativo. ¿Es que lalengua (lalanque) lalengua en tanto que tiene un sentido, es que lalengua permite igualar uno a una? ¿Acaso una no es un modo diferente de uno? Esto sería un sesgo, hay que decirlo, bastante cómico, para hacer volver al nivel del uno la dualidad, Yad’lun (hay uno) [7] dije, pero también dije que es aquello de lo cual se funda ¿qué? Únicamente -este era el sentido de lo que anticipé al final de mi seminario del año pasado- únicamente lo enumerable, a saber, el áleph cero, y nada más, es decir lo que se dice ser un Uno, pero en tanto que al decir "es un Uno", se lo corta de toda ordenación. Se lo toma -y es lo único que me permite Cantor- bajo su aspecto puramente cardinal.
Ciertamente, me dirán, él no puede hacerlo -suponiendo que ustedes me digan algo- él no puede hacerlo más que alienando su unidad en el conjunto, por medio de lo cual los elementos no conservan ya nada de esa unidad, salvo por estar abiertos a que se haga su cuenta, es decir, la computación subjetiva, lo que no impide que la objetividad del uno, yo diría, no preste atención más que a esto: que ella no carece seguramente de respuesta. Y esa respuesta está justamente en lo que enuncio: que ella está en el tres.

¿Qué es lo que el tres hace de uno, que no hay dos?. ¿Es simplemente para que haya tres que el áleph cero está allí? Es cierto que si enuncio que dos no hay, porque eso sería inscribir al mismo tiempo en lo Real la posibilidad de la relación tal como se funda en la relación sexual, que no es sino por el tres, y como lo escribí la vez pasada en el pizarrón, por la diferencia de uno a tres que procede ese dos. Es que todo esto nos lleva a plantear la cuestión: ¿fue preciso, para que diéramos este paso, que áleph cero haya dejado de no escribirse?. Dicho de otro modo, es la contingencia, el acontecimiento del decir de Cantor que lo único que nos permite tener es un enfoque sobre lo que ocurre, no con el número, sino con lo que constituye en su ternaridad la relación de lo Simbólico, de lo Imaginario y de lo Real. Es preciso que de su contingencia, entonces, en el decir de Cantor, pasemos a lo necesario de que él no deje ya, este áleph cero, de escribirse, que él no deje ya de escribirse en lo sucesivo ¿para que subsista qué? Ninguna otra cosa que una noción de verdad.
En la lógica, hasta ahora la verdad, nunca pudo consistir en otra cosa que en contradecir. Ella está en el dualismo de lo verdadero y de lo falso. No siendo lo verdadero sino supuesto en el saber, en tanto que el saber se imagina - ése es su sentido- como conexión de dos elementos. Y es justamente en lo cual, él es imaginario si el Uno, si un Uno, un tercer Uno, no viene a conectarlo al precio de hacer de él añadido. Añadido no del mismo círculo categórico, no del mismo orden, decía yo recién, sino proveniente de la nodalidad.
Y bien, puesto que hoy fue preciso que me esforzara por conducirlos hasta aquí, ustedes me permitirán que aquí me quede, y después de todo, si a alguno desalentó, no veo ningún inconveniente para mí, pues la única razón por la cual les he hablado hoy, es la de que ustedes eran menos numerosos

P.-S.

Este texto como todos los de esta serie, esta revisado segùn las versiones francesas AFI y ELP, mas la gravación donada ésta última por Serge Halblum, y con la versión española de la Ef de BA. El trabajo realizado ha sido arduo, pero y... sigue siendo un texto de trabajo, unicamente, es decir, que cada tiene debe tomarse este trabajo y, aqui les va un poco adelantado. Sin dejar de lado que, no hay como leerlo y escucharlo en la lengua de origen. es decir jamás una traducción alcanza a decir lo que habría que escuchar allí, sobretodo si del discurso analítico se trata.
si tiene alguna corrección que realizar o algún agregado, escríbame al di1version@gmail.com o a Christopher BORMANS christophe.bormans@psychanalyse-paris.com
gracias: margarita mosquera.

Notas

[1Un petit tas, un petit a. Juego de palabras, entre un pequeño montón (tas) y un pequeño a. Que se seguiría, con “un petit-a-mur” no solo con las cartas de a-mor sino también con los pequeños a de muros y tambien con las moeurs; costumbres. Juego de palabras entonces entre: a-mour, a-mur, a-moeurs: a-mor, a-muro, ha-bitos.

[2infléchir (verbo transitivo y pronominal) Curvar, plegar en forma de curva.• Cambiar de dirección.• S’—: • Curvarse, desviar.

[3(Del it. coppella, dim. de coppa). 1. f. Vaso de forma de cono truncado, hecho con cenizas de huesos calcinados, donde se ensayan y purifican los minerales de oro o plata. 2. f. Plaza hecha en los hornos de copela con arcilla apisonada

[4Juego de palabras entre amour, "amor", y moeurs, "costumbres, hábitos" y diversión.

[5El texto es el siguiente: "il faut que je vous le rai (r.a.i.e. tiret) - sonne" . Raisonne resulta fonemáticamente semejante a raisonne, primera persona del verbo raisonner, "razonar"; pero asimismo rai suena como raie (tiret), "raya’’, y sonne alude a sonné, "tocado", "chiflado", "rayado", como se tradujo previamente.

[6(é-vide-ment) (e-vacío-mente)

[7La traducción insertada entre corchetes correspondería a la expresión "il y a de l’un Yad’lun equivaldría a una escritura fonética de "y a de l’un", forma abreviada de la primera, de empleo corriente. A renglón seguido Lacan se refiere a un seminario anterior, en el cual presuntamente introdujo el término Yad’ lun. La carencia del texto de dicho seminario impide formular una Mayor y necesaria aclaración.

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